REVOLUCIÓN – FINAL DEL IMPERIO

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Otro momento histórico de la moda fue el que hace referencia al arte en París. El vestido de la mujer se transformó por completo, y siguió vigente hasta el siglo XX, ya que la mujer llevaba vestidos más estéticos que el hombre. Su corte era lineal, y con un enmarcado en las caderas, el cuello alto y las mangas largas, presentaba botones en los puños. También estaban presentes los guantes y sombreros muy amplios. En los años de 1910, el traje del hombre incluía un saco largo y sombrero de copa, el militar era un claro ejemplo del buen vestir, al contrario de los revolucionarios, que vestían un pantalón tipo maguileño, camisa de manta, pañuelo y sombrero. Su vestimenta era típica de la guerra. De esa manera surge el traje charro, y que se caracterizó por un pantalón pegado con botones a los costados, saco corto y sombrero.

 En México los trajes son de tafetán escocés o de crespón de China; mandarinas, flores y pájaros bordados cubren las faldas por completo. Se reduce el vuelo de las faldas y la longitud de los corpiños, los sombreros de moda eran de paja, adornados con flores o plumas de avestruz. Las faldas alcanzan su dimensión definitiva, influyendo incluso en la arquitectura, puesto que puertas y escaleras se ensanchan para permitir circular a las damas, cuyas faldas superaban los 10 metros de tela para su confección, y se utilizaba la seda de colores lisos tanto para el día como para la noche.

La silueta de la época era ceñida en talle y mangas, y amplia a la altura de las rodillas, las faldas, que definitivamente están lanzadas hacia atrás, se han plegado, han sucumbido al reino del “polisón” que sostiene elaborados drapeados. En esta década en México la vestimenta pierde muchos de los detalles de originalidad que la caracterizaban y que tanto llamaba la atención a los extranjeros. Las mujeres de las clases altas sustituyen con el sombrero el uso de la mantilla, que se reservaba sólo para ocasiones muy precisas. Algunas damas guardaban rebozos extraordinarios de seda en su ropero, pero son las comunidades indígenas las que conservaron su tradicional vestimenta y continuaron con el uso del rebozo y el sarape.

Hacia 1895, la variedad de telas aumenta, están presentes las sedas, terciopelos, satines, los tradicionales encajes denotan la opulencia. Las mujeres se vuelven más activas, por ejemplo, para practicar algunos deportes como tenis, golf, ciclismo y natación; además la silueta femenina se afina cada vez más. Al desaparecer los grandes volúmenes de tela, hacia 1908 se acaba con el corsé, por lo cual la apariencia del cuerpo femenino se transforma radicalmente y al comenzar el siglo XX los vestidos son lisos y sueltos, es cuando el aspecto de la mujer cambia radicalmente y su nueva actitud anuncia los revolucionarios años por venir.

En Londres se funda The Rational Dress Society, una organización sin ánimo de lucro que iba en contra de la vestimenta de la época. Además de oponerse a cualquier prenda que pudiera deformar el cuerpo o dañar la salud, dicho grupo defendía el vegetarianismo y los derechos de los animales. Los vestidos de lujo para las damas mexicanas se elaboraban en telas como la faya de seda y se adornaban con abalorios, lazos, moños, lujosas esclavinas, golas y grandes abanicos, las pieles eran accesorios imprescindibles para ocasiones especiales.

Evoluciona también el rol de la mujer, que comienza a realizar trabajos y actividades antes reservados para los hombres y surge la ropa deportiva. Llega el traje sastre, que goza de gran aceptación, sobre todo los que aparecen en la sección femenina de los periódicos de la época, en donde la publicidad es determinante en el modo de anunciar dichos estilos de moda, haciendo que los modistas se convirtieran en diseñadores que empiezan a firmar sus creaciones, tras anunciarlas en los periódicos de la época. Europa es el continente pionero de  éste movimiento en donde se definirían los cánones de la moda y se fundarían las grandes casas de la moda que hoy en día conocemos como los grandes exponentes de la vestimenta actual.

Sin embargo, con el inicio de la Primera Guerra Mundial las mujeres asumen nuevos roles y además de ser enfermeras, conductoras de ambulancias o secretarias empiezan a trabajar en fábricas, en concordancia con esto deben usar uniformes, pantalones, trajes sastre. En México el gran acontecimiento de esta década es el Baile del Centenario, un evento poco conocido por los mexicanos, que para la ocasión el aquel entonces Presidente de la Nación Don Porfirio Díaz, vistió un conjunto militar en el que mostraba sus principales condecoraciones y cruzándole el pecho, la banda presidencial con los colores patrios. Mientras, Doña Carmen Romero Rubio de Díaz lució un vestido de seda de oro, adornado con perlas y una diadema de brillantes en el tocado, demostrando así el buen gusto que en ese entonces se tenía en la concepción de asistir a un evento de tal magnitud, por las personas con dinero y bien posicionadas de la época, que aunque el impero francés había terminado tiempo atrás, Porfirio Díaz continuaba con el afrancesamiento del país, desde la forma de las construcciones de la época, hasta la manera cultural y social de vivir.

Un ejemplo de eso fue la llegada de los teatros y de la ópera al país, los grandes bailes y fiestas de carácter social, los paseos por las plazas y parques a lo largo del territorio, todo enfocado a la usanza parisina. Es a raíz de esto que se puede afirmar que Francia tiene un gran impacto en la forma de vestir y de actuar en la sociedad mexicana desde principios del siglo XX.

Ahora bien, Guillaume Erner habla acerca de este proceso como una relación entre el estado y la sociedad, debido a que la democracia confiere un prestigio particular a los deseos de la mayoría. Esto es cierto tanto en el ámbito de la política como en el de los gustos sociales, por esta razón, la sanción del público parece cada vez más respetable y su legitimidad se discute cada vez menos como una manera de aceptar o no las tendencias impuestas, comenzando a cuestionar el sistema de orden y control y a preguntarse por la vida de las tendencia. Lo anterior permite dar con un principio esencial de la idea democrática: el gobierno da la opinión, más no la decreta ni la controla actualmente, al menos en una sociedad que se denomina democrática en que la sociedad es libre de expresar y portar una vestimenta sin algún decreto o prohibición.

Al mismo tiempo, la supuesta creencia en la existencia de una imposición social fuerte y misteriosa constituye el obstáculo principal para la comprensión de las tendencias que a lo largo de los años han ido intercalando espacios y momentos de auge y caída, como un proceso cíclico en el que la vestimenta y la forma ideológica social de concebir la realidad van de la mano y/o en contra marcando los puntos de quiebre entre la relación gobierno y sociedad.

El concepto de vestimenta y moda mexicana va mucho más allá de sus diseñadores o exponentes de renombre, debido a que está intrínsecamente ligada a la cultura y tradición que ha inspirado a los creadores más influyentes de la industria actual. Todos estos exponentes han sido influenciados por las diversas corrientes y modelos impuestos o adoptados por el pueblo mexicano a lo largo de su historia y que gracias a  íconos como María Félix y Frida Kahlo siguen siendo referentes importantes de la cosmovisión y construcción social de la realidad.

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